
De la Serie A propósito
por
Jake Taylor
La Tienda de Dios
Juan: “Oye, Manuel, ¿alguna vez has oído hablar de la Tienda de Dios?”
Manuel: “Sí, fíjate que una vez oí que la tienda de Dios está ubicada en un lugar inusual.”
Juan: “¿Qué quieres decir por un lugar inusual?”
Manuel: “Un compadre mío me dijo que la tienda está muy cerca pero que sin embargo está muy lejos.”
Juan: “Eso no tiene sentido. O está lejos o está cerca, ambas cosas no pueden ser.”
Manuel: “Bueno, pues sucede que la tienda de Dios está muy cerca y, al mismo tiempo, está muy lejos.”
Juan: “¿Y le preguntaste a tu amigo que te aclarara lo que quiso decir?”
Manuel: “Desde luego que sí. Me dijo que durante el Renacimiento Español vivió una monja carmelita, a quien hoy conocemos como santa Teresa de Jesús, o santa Teresa de Ávila, que escribió un libro intitulado Las Moradas o El Castillo Interior. En su libro, ella nos dice que en la más recóndita de esas muchas moradas hállase Dios.”
Juan: “¿Y en dónde queda este castillo interior?”
Manuel: “Dentro del pecho, por la mitad del tórax.”
Juan: “¿Quieres decir, por el corazón?”
Manuel: “Sí, en sus alrededores.”
Juan: “¿Puedes ser más específico?”
Manuel: “Bueno, hasta donde me da el cacumen, la Tienda de Dios está en un área que queda detrás y por encimita del ventrículo derecho.”
Juan: “¿Y qué está haciendo Dios allí?”
Manuel: “Junto con un número infinito de tareas, está supervisando Su tienda.”
Juan: “¿Y se pueden comprar cosas allí?”
Manuel: “¡Desde luego! Yo obtuve varios artículos en la tienda. En ella se pueden comprar las cosas más preciosas, pero según mi amigo, muy poca gente va de compras allí.”
Juan: “Manuel, por favor dame un ejemplo, a ver ¿qué se puede comprar allí?”
Manuel: “Felicidad, Salud, Sabiduría, Bondad, Verdad, Justicia, Amistad, Paciencia, Honestidad, Amor Sincero, Honor, Fortaleza Espiritual, entre otras muchas.”
Juan: “Sí, pero esas cosas deben ser costosísimas.”
Manuel: “Son gratuitas.”
Juan: “Si la Felicidad fuese gratis, todos la adquirirían.”
Manuel: “Es allí donde la tienda nos parece lejos.”
Juan: “Escúchame Manuel, suponte que yo quiero algunas de esas cosas que acabas de mencionar, ¿cómo llego a la Tienda de Dios para obtenerlas?”
Manuel: “Haces lo que santa Teresa de Jesús sugiere en su libro. Llegas allí invirtiendo el pensamiento hacia tu interior y viajando hasta el fondo de ti mismo donde debes hallar la tienda. Cuando llegues, le pides a Dios lo que quieras. La mayoría de las personas quieren la Felicidad, y si eso es lo que tú quieres, pues con toda confianza, pídesela.”
Juan: “¿Y Dios te da la felicidad así nomás?”
Manuel: “Él te da lo que quieras… así nomás.”
Juan: “La mayoría de mis amigos quieren un coche de lujo, vestidos elegantes y utensilios modernos. ¿También los pueden adquirir allí?”
Manuel: “No, esos son artículos mundanos, por lo que tus amigos tendrían que salir de su interior y dirigirse a un centro comercial.”
Juan: “Pero en las tiendas que hay allí te cobran por todo.”
Manuel: “Eso se debe a que la mayoría de la gente anhela las cosas menos importantes. Si quisieran las verdaderamente esenciales, como la Salud o la Felicidad, irían a la Tienda de Dios y las obtendrían gratis.”
Juan: “¿Y tú has ido a la Tienda de Dios?”
Manuel: “Pero si te lo acabo de decir, Juan. Además, desde que tú y yo nos hicimos amigos, decidí darme una vuelta por allí.”
Juan: “¿Y qué adquiriste?”
Manuel: “Paciencia, Juan, mucha paciencia.”
© Jacob A. J. Taylor 2011