Joaquim es un chiquillo pecoso de 11 años que no se conforma con ser un niño normal y, en compañía del amigo, Eduardo, se mete a investigar casos extraños e indescifrables.
Varita mágica? No, él no lo necesita.
Puede volar? Sólo cuando pateó muy mal en el culo.
Armas especiales? ¡Sí! Super-aniquiladora-pedo-olor-bomba.
Poderes mágicos? Su madre le dio un kit para él, como regalo de cumpleaños, pero un poco en mal estado.
Ropa especial? Sólo su uniforme escolar.
Es parte de una liga de superhéroes? Bueno, tiene sus amigos de la escuela.
La lucha contra qué tipo de criminales? Marcianos, por supuesto! Están disfrazados de seres humanos y se encuentran entre nosotros. Quieren conquistar la Tierra, pero no permitirán que ellos. Junto a su mejor amigo, Eduardo, le dará una buena patada en el culo a los invasores, sin piedad!
Excerpt
Me llamo Joaquim, tengo 11 años de edad y la historia que voy a contar es real.
Sucedió el último domingo. No tenía nada que hacer, entonces decidí ir hasta el lago, que queda cerca del internado en el que estudio. Mis amigos y yo siempre nos encontramos allí los fines de semana, quiero decir, cuando no hace mucho frío ni llueve. Solemos nadar durante mucho rato y, cuando nos cansamos, vamos a explorar el bosque que queda del otro lado de la orilla y se extiende hasta la ladera de la montaña. En esa época del año, el lugar queda prácticamente vacío y las personas sólo aparecen para hacer picnics, pasar el tiempo o simplemente andar de un lado a otro. Meterse en el agua helada es para quedar como un témpano. ¡Confieso que, a veces, hasta me gusta tirarme al lago, solo por diversión, para sentir el cuerpo casi congelado, y entonces salir y gritar como un loco! Pero voy a tener problemas serios, en caso de que mi madre descubra mi chiquillada y, créanme, tiene un sexto, séptimo y un octavo sentido para saber que mentí o hice alguna travesura. Te vas a resfriar, dice. ¡Si eso sucediera, te voy a castigar! ¡Aj! ¿Desde cuando el agua fría hace que la gente se resfrié, eh? ¡Los adultos tienen cada cosa! De cualquier modo, aquel día no tenía intención de mojar ni siquiera los tobillos. Para huir del tedio, un simple paseo de ida y vuelta al lago sería suficiente. Tenía la esperanza de encontrar algún amigo que, como yo, estuviera allí por azar. Podíamos jugar a la pita, al escondite o jugar con la pelota.
Espere. No apareció nadie. ¡Los bobos debían estar encogidos en su camas, cubiertos hasta el cuello, tiritando de frío! ¡Allá ellos, voy a jugar solo!
Después de correr de un lado para otro, buscando tesoros perdidos debajo de las piedras y cavar trincheras para defenderme de los piratas, me cansé y me apoyé en un árbol para releer "Un Capitán de quince años", uno de mis libros preferidos de Julio Verne . Aunque sé como termina la historia, siempre me divierto con las aventuras de Ricardo Sand, que, con apenas 15 años, se vio obligado a mandar un navío llamado Pilgrim, después de haber muerto el capitán. Estaba casi en la mitad, cuando oí un ruido extraño, un zumbido continúo, seguido de un batacazo muy fuerte. Salí de mi refugio y miré a mi alrededor, intentando localizar la fuente de aquel ruido, cuando noté una luz rojiza en el medio del bosque. Agarré inmediatamente mi mochila y corrí para el otro lado de la orilla, después, anduve más de 100 metros hasta alcanzar el claro, en la mitad del camino que conduce a la ladera de la montaña. Ese lugar lo utilizan mucho los grupos de jóvenes que van a acampar, e imaginé que podría haber sucedido algún accidente, como una bombona de gas que explotó y cosas así, que explicarían el estruendo y el destello. No había nadie, y mi teoría se desmontó.
Pensé, pensé y pensé un poco más... Encontré otra explicación: una avioneta fuera de ruta ¡Eso mismo! La neblina densa que se forma en esa época del año confundió al piloto, que dio vueltas y más vueltas, acabó sin combustible y necesitó hacer un aterrizaje de emergencia. Siendo de ese modo, decidí que sería mejor buscar, localizar los destrozos y ayudar a los supervivientes.
Atravesé el claro hasta la otra parte del bosque y anduve alrededor de unos 30 o 40 metros, cuando sentí que alguien me observaba.
Me detuve, miré para los lados y sentí escalofríos cuando oí pasos.
— ¿Quién está ahí? — pregunté, sin que nadie me respondiera.
Silencio.
Mi reacción fue una mezcla de alivio y aprehensión. No haber obtenido una respuesta no significaba necesariamente estar solo, ¿verdad? ¡Si yo fuese el piloto del avión accidentado, seguramente, daría señales de vida, por otro lado, un animal a la espera de su presa, no!
¡Brrrrr!
No soy un cobarde, por eso, avancé. Como ya había caminado tanto, no me costaba nada seguir un poco más y descubrir lo que ocasionó aquel sonido y luz tan extraños.
Mereció la pena ser insistente. Cuando estaba cerca de la ladera, avisté tres hombres en una actitud sospechosa. Al aproximarme, noté que cargaban un objeto metálico, un cilindro reluciente, de un metro y algo de longitud. Estaban parados en frente de la ladera y, a no ser que tuviesen la intención de escalar, no tenían para donde ir. Me escondí detrás de un arbusto, por si diesen media vuelta para retomar el camino del claro. No fue lo que hicieron. Uno de ellos, que tenía los cabellos blancos, fue hasta una piedra muy grande y redondeada, dio la vuelta y movió una cosa que hizo que se abriese en la pared un agujero, enfrente de él. Entonces metieron el cilindro en el interior de la montaña. Movido por la curiosidad, fui detrás. Aunque el túnel fuese estrecho y oscuro, decidí no encender ninguna linterna para no llamar la atención, por eso, procuré tener cuidado encogiéndome para no resbalar y lastimarme, perderme en algún laberinto , o peor... Pisar alguna cucaracha. ¡Odió las cucarachas! Están cubiertas de una cáscara rellena de moco asqueroso, que se esparce por el suelo cuando la pisas.
¡Aj!
¡No vi ninguna, es verdad, pero sólo pensar en la posibilidad de que una de ellas subiera por mi pierna, aj! Para no correr riesgos, seguí caminando usando la táctica de andar por lugares oscuros donde pueda haber cucarachas: a cada paso, levantaba bien la pierna , después la otra, y así avanzaba, como si fuese un soldado ruso desfilando. Eso hizo que perdiera terreno, pero después apreté el paso y conseguí alcanzarlos. Por poco no me descubren: cuando doble una curva, me tropecé con el trío... Más bien con la espalda de ellos. No me vieron porque examinaban una pared de piedra que cerraba el camino. Era una dificultad insuperable. Cuando pensé que iban a desistir, el hombre de cabellos blancos sacó un pequeño objeto negro del bolsillo del sobretodo y lo encajó en una abertura de la pared. En un abrir y cerrar de ojos, se abrió un nuevo pasaje, y prosiguieron. Dejé que se alejaran y me escurrí por la abertura, que daba a una gran caverna. Mientras buscaba un lugar seguro para esconderme, los tres llevaron el cilindro hasta una plataforma de granito y la colocaron sobre ella. Hecho esto, abrieron una maleta y de ella sacaron varios cables coloreados. Estiraban y conectaban uno a uno, en la carcasa del objeto. A medida que mis ojos se acostumbraban a la débil luz, mi atención se volvió hacia el lugar increíble en el que me encontraba. Quedé admirado por las enormes estatuas dispuestas por toda la extensión de las paredes, formando un semicírculo en torno a la plataforma donde los hombres trabajaban.
¡Brrrrr!
Me entró un escalofrió por todo el cuerpo. Los ojos de aquellas gigantes de piedra estaban vueltos hacia el centro, como si vigilasen el lugar y supiesen todo lo que sucedía por allí. Una mirada fija y aterradora. Su ropaje era similar al que usan los sacerdotes que ví en las ilustraciones de los libros de Historia. ¿Serian fenicios? Nuestro profesor nos contó que estuvieron en la región hace muchos, muchos años. Este podría ser uno de sus templos, pensé. Un pensamiento ruin vino a mi cabeza: ¿a quién profana un lugar sagrado, no se le castiga por eso? Leí que muchos exploradores murieran misteriosamente después de invadir las pirámides y tumbas de los faraones. ¿Será que, al abrir el pasaje, algún virus mortal se liberó y fuimos condenados a morir lentamente? ¡Sólo me faltaba eso: ser envenenado por mi propia curiosidad! ¡Vaya, ya estaba viendo la bronca que me iba dar mi madre, en caso de que me pusiera enfermo! ¿Cómo explicar que la culpa no fue mía sino de ellos? ¡Solo estaba espiando!
Tardé un poco en quitarme eso de la cabeza y en concentrarme en la misión: investigar lo que aquellos sujetos estaban tramando. Mientras los otros dos movían los instrumentos que conectaran a los cables que hacía poco habían unido al cilindro, el hombre de cabellos blancos cogió un libro con la cubierta brillante y lo abrió. ¿Pero que demonio de libro era aquel?, pensé, que, en lugar de papel, ¿tenía una superficie iluminada en uno de los lados y teclas en el otro? No soy un burro, entonces percibí que se trataba de una linda y moderna máquina de escribir. Conforme tecleaba, surgían por el vidrio los textos más diversos, símbolos y diseños coloridos. ¡Quien me diera tener una de esas! ¿Remington, Hermes o Royal, cual de esas empresas habría adoptado una manzana como símbolo?
Cuando terminó de usar la máquina, el hombre escribió algunas notas en un cuadernillo, después guardo todo dentro de la maleta y señaló a los otros. En pocos segundos, estaban preparados para marcharse. Abandoné mi escondite, disimuladamente, antes de que me viesen. Salí de la caverna, seguí por el túnel oscuro y, una vez fuera, pegué un salto hasta un arbusto, donde espere a que aparecieran los tres. Una vez más, el hombre de cabellos blancos dio una vuelta en la piedra y accionó el mecanismo que cerró el pasaje secreto. Después, abandonaron el lugar.
Esperé un poco, para cerciorarme de que no volverían, entonces corrí hasta la piedra para buscar el botón o lo que hubiese utilizado. ¡Nada, mierda! ¿Cómo hizo aquello?
Lo único que encontré fui un montón de cucarachas.
¡Aj! Deseaba tanto explorar aquel lugar fascinante, ¿pero cómo? Hasta intenté usar una rama para hacer palanca, pero no había ranuras en la pared.
¡Nada, nada!
Pensé, pensé… ¡Coño, mil veces, coño! Aquel cilindro no me salía de la cabeza. ¡Era pesado, de eso estaba seguro! Vi el esfuerzo que hacían para cargarlo. ¿Será que en su interior había un tesoro? ¡Plata, oro, joyas! ¿Si fuera verdad, por qué no lo abrieron y listo? Sólo sé… ¿Cómo no pensé en eso antes? ¡Una bomba! ¿Será que encontraron una bomba de la Segunda Guerra e intentaban desarmarla? ¿O… Pretendían activarla para destruir alguna base secreta en Colombo? ¡Base secreta, una paranoia! Aquí no tienen nada que destruir, solo el internado. ¡Aaaah! No serán tan idiotas. Estaban interesados en lo que había dentro de aquel objeto plateado, estaba seguro de eso.
¿Pero el que?
Pensé, pensé y pensé…
Necesitaba obtener respuestas, pero ya empezaba a anochecer y existen cosas con las que hasta un explorador poco temeroso como yo tiene que preocuparse: llegar tarde a la cena es una de ellas. ¡Si eso sucediese, el bedel de la escuela iría a delatarme al director, que llamaría por teléfono a mi madre, que, en la primera oportunidad, me castigaría!
¡Grrrr! ¿Será que nadie entiende que los descubridores de misterios no pueden tener un horario tan rígido? ¡Tenemos derechos!
Hummm… Me acordé del boletín. Tal vez fuese mejor olvidar los derechos de las grandes pioneros, por un tiempo. ¡Ese no fue un mes del cual me pueda enorgullecer, por culpa de aquella... De aquellas dos... Tres notas rojas!
¡Aj, boletín!
No se podía hacer nada más, dí media-vuelta.
En medio del camino, tuve más de una vez la sensación de que alguien me seguía. Por un instante, pensé que los hombres habían vuelto, pero cuando oí el gruñido descarté la posibilidad.
¡El tercer escalofrío de hoy! Calma, Joaquim. Necesitas disminuir el paso y respirar con tranquilidad, intenté convencerme. ¡Leí en algún lugar que a los depredadores les atrae el olor del miedo de las presas y, cuando eso sucede, saben que deben de atacar! ¡No sé si eso tiene el mismo olor, pero en mi caso irían a sentir una peste de miedo! Un paso detrás del otro. Mucha calma… Respiración suave… Lenta… Lenta… Muy suave, sin miedo, sin…
El rugido del animal sanguinario provocó que saliera en desbandada. ¡Calma, joder! ¡A la hora de la verdad, no interesa lo que está escrito en los libros o lo que dice la gente... Hay que correr y no mirar hacia atrás!
Finalmente cuando alcance el margen del lago, paré para tomar aliento. ¡Fue cuando surgió del medio del follaje la criatura más tremenda, horrible y asquerosa que había visto en toda mi vida! No era un ocelote ni un jaguar, tampoco se parecía a ningún animal conocido en esa región. ¡Tenía forma humana, pero su cuerpo era oscuro, con la piel verdosa, con escamas y cubierto de porquería amarillenta que parecía moco! Los ojos eran rojos y los dientes, como eran tan grandes, se salían de la mandíbula. Mi corazón se aceleró y mis piernas flaqueaban, pero sabía que necesitaba reunir fuerza y valor para huir o me haría añicos.
Reculé.
Retrocedí dos pasos. Avanzó lo mismo que yo. Miré para los lados, buscando una vía de escape, pero, antes de que intentase algo, saltó enfrente de mi y me cortó el camino. ¡Me dio a entender que estaba jugando conmigo, demostrando que era una presa fácil y que, cuando quisiera, me mataría! Después, sucedió lo más increíble: sonrío e hizo una seña con el dedo, para que me acercase.
¡Pueden llamarme loco, pero de la manera en la que me miraba, era como si me conociera! ¡Entonces abrió la boca y rugió... Una, dos, tres veces! Juro que oí mi nombre, Joaquim. Grité como un condenado y corrí lo más rápido que pude. Cogí la senda de tierra y sólo paré de correr cuando llegue al colegio, en cima de la montaña. ¡Pueden llamarme cobarde, pero va hacer falta tiempo hasta que tenga valor para volver al lago solo!
A ring of incredible power, a once noble crusade turned sour, and a supernatural storm that could change the heavens forever: J. M. Kelly's Fire of God takes a unique and exciting look at the Old & New Testament, as he chronicles the life of Joseph
The third in The Seventh Circle Series. Join the Seventh Circle and friends as they battle against the forces of the Black Order, the four demons, and contiune their quest to find the Soulstone.
Danielle and Nina are rescued from their wicked step-mother by Emma the Yellow Dream Train who takes them on adventures. When Nina learns she has the ability to speak to animals, Emma and the other trains teach her how to use it.