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Newsletter Dated: 2/26/2010 12:25:18 AMSubject: Nuevo libro en español AMOR Y EXILIOS new book in spanish Nuevo libro
http://edicionesescalera.com/libro.asp?codart=TRA007
Blog del libro:
http://amoryexilios.blogspot.com/
"Lo que ya tenía claro era que por fin había escrito un libro que no se podía resumir en ninguna solapa". Así define el escritor Mois Benarroch su nuevo libro, al que se niega a llamar novela, porque es más, o es menos. O no es sólo una novela. Y como el demiurgo coherente que es, a nadie puede caberle duda alguna de que lo ha conseguido. De la ciencia ficción al realismo, de la narración a la poesía, de la novela al cuento, Amor y exilios es un libro que se opone a la definición, que se opone a la simplificación y al mercantilismo. Dividido en siete libros que crean un único corpus narrativo, en cada uno de ellos se nos muestra una historia de desamor en el exilio. ¿Qué es el exilio sino el alejamiento del amor infantil deseado? En cada libro, los amantes van y vienen en busca de un salto imposible en el tiempo. En ciertos cruces, en ciertas esquinas y en ciertos atascos, sin saberlo, los amantes se encuentran para perderse de nuevo para siempre. Quedará una mirada, un sentimiento vago de haber visto por un segundo la otra realidad paralela que se desarrolla y se vive en otra dimensión, otra realidad tan desesperada como esta en saber qué pasa por el otro lado.
las primeras mil palabras del libro:
Comprar es salud, comprar es vivir. Compren más y más, compren para su porvenir, compren para su futuro, el futuro es comprar. Eso anunciaban los altavoces, mientras Sandra y Sandoval compraban en el centro comercial La Catedral. Se llamaba La Catedral porque antes de convertirse en un centro comercial había sido una catedral. Se dice que antes fue una mezquita, se dice que antes de ser una mezquita fue una sinagoga medieval. Era el edificio más viejo de la ciudad, y al mismo tiempo se había convertido en el más moderno. Los dos iban ya a salir pero vieron como en la cola de la salida había un guardián que verificaba las bolsas de los que salían. Los que no habían comprado nada no podían salir. -Vuelva usted, señora, que aquí no viene uno a divertirse, aquí se viene a comprar. -Pero es que vine a comprar zapatos y no tienen mi talla. -Pues compre alguna otra cosa. -Pero no necesito nada ninguna otra cosa. -Usted, señora, necesita comprar y el país necesita que compre. Y ya ve que hay gente aquí esperando en la cola, las reglas son las reglas, sin comprar no se sale de aquí. A otros el controlador les decía que no habían comprado bastante. -Mire, esta vez le dejo salir, pero si usted sigue viniendo a LA CATEDRAL para comprar un pan no le dejaremos entrar más. -Pero si he comprado dos. - Ni dos, compre zapatos como esa señora. Los dos dieron media vuelta y buscaron algo más que comprar. -No deberíamos seguir viniendo aquí, sabes, esto me está cansando, y cada vez quieren que compres más, están cerrando todas las tiendas de los alrededores porque a la gente no le queda dinero. -Ya sabes muy bien que no hay más remedio, si no nos ven aquí en La Catedral es como si estuviéramos muertos. Los vivos se dividían entre los que compraban todos los días, a veces dos veces al día, por la mañana venía la mujer sola o con el marido, las tardes con sus hijos, detrás en la cola estaban los que compraban hasta el 22 del mes, porque ese día se les acababa el dinero, y los más pobres dejaban de comprar el 10 o el 12 del mes. Si no mostrabas tu cara el 20 la gente te hablaba menos, menos y menos gente te hablaba. El 25 empezaban las rebajas que se acababan el 1 del mes siguiente. Compren señoras y señores, compren de todo, compren naranjas y compren azafrán, compren neveras y compren emepetrés, compren deuvedés y compren zapatos, el futuro es comprar. -¿Y esto qué es? -Es un maxcanvalde. -¿Y qué es un maxcanvalde? -Es completamente reciclable. -¿Pero qué es? -dijo Sandra entusiasmada, mientras Sandoval perdía la paciencia. -Es lo que es, nada. Pero reciclable. Y le dejan salir. Usted me paga 10 y yo le doy una factura de 100, y cuando sale lo deja por allí y yo lo vuelvo a vender. ¿Ve? Reciclable. -A mí me gusta, tienes su encanto -dijo Sandra,- la compra suprema. -Su… pu… -¿Y si nos abren la caja? Los porteros se están poniendo insolentes. -Usted sale por la puerta A7 y allí no tendrá problemas. El portero esta sobornado. -Sí, todo se compra. -Y lo que no se compra no tiene valor. Fume, beba, compre tabaco y vino, el cáncer es bueno para la economía, si tiene usted un cáncer le daremos bonos para comprar más, para su mayor complacencia hemos abierto un hospital en la décima planta. Al principio La Catedral sólo tenía dos pisos pero se fueron construyendo inmuebles que se conectaban entre sí, inmuebles de oficinas, escuelas, hospitales, oficinas del gobierno, todo entraba en La Catedral, lo importante era siempre pasar por los comercios y comprar a la salida y a la entrada. -Bueno, me da un maxcanvalde. -Maxcanvalde para el señor. En la cafetería de enfrente un señor mayor, un anciano de unos ochenta años oía todo y no olvidaba nada. Se acordaba de que setenta años antes su padre había comprado su vida con el dinero que tenía y como él también la había salvado con su culo. Le parecía que todo había vuelto a ser como en los años de la guerra. Comprar es vivir. Los muertos no compran. Morir es dejar de comprar. Por eso nuestros hospitales tienen los mejores médicos del mundo para que sigan viviendo y sigan comprando. El anciano ya se sabía todo eso de memoria. Sandoval se fijó en el anciano que en unas horas le iba a salvar la vida, y le pareció feo y antipático. Le odió todavía más al pensar que un día sería como él. O peor, mucho más desgastado, más enfermo, menos tieso. El anciano se sentaba allí todos los días desde las ocho, cuando abrían La Catedral, todos los negocios en el mismo minuto, y se iba a las doce y media de la noche cuando todo se cerraba. Compren, y si ya han comprado compren más, siempre hay algo otro que usted necesita o desea, algo que le hará mejor su vida hasta la próxima compra. Compre más, y compre mejor en La Catedral. Dos policías corrían detrás de una mujer que mostraba sus bragas por encima de los pantalones, eran bragas rojas sobre tela blanca, una parte del culo estaba en contacto con el aire. Dos mujeres iban con sus bebés en coches azules, los dos iguales. Parecían hermanas pero no lo eran. Sandoval contemplaba, Sandra compraba. Compren hasta que se cansen, y cuando estén cansados compren más, compren para despertarse, compren píldoras contra el cansancio. Compren más y más para el futuro económico de sus hijos. El anciano ponía esa cara del que ya ha visto todo y eso a Sandoval le ponía negro. Éste se cree que lo sabe todo, pues que se vaya a la mierda, se decía. Sandra, estoy harto, vámonos ya. El anciano se percató de Sandoval y le echó una mirada de anciano
y las últimas mil palabras del libro:
adjuntaba la idea de que tal vez eran una sola mujer y que Gabrielle me la estaba jugando. Que me estaba gastando una broma. Pero en la felicidad no hay preguntas, y cuando empiezan la rompen. Yo pensaba que debía reunirlas de alguna forma a las dos, pero no me atrevía a iniciar tal encuentro. Me puse a escribir esta historia y al llegar aquí, entre las dos y entre el relato, entre la ficción y la realidad, iba cambiando pasajes anteriores para que se adaptaran a la realidad e iba adaptando a la realidad lo que escribía. Nunca me tropezaba con las dos juntas, pero dejé de intentar evitarlo y me paseaba mucho con la junior por la calle Emek Refaim, donde Gabrielle, mi mujer, pasaba a menudo, ya fuera para comprar algo, para coger una película de la videoteca, Haozen hashelishit, La tercera oreja, o porque volvía de su trabajo andando. Lo que ya tenía claro era que por fin había escrito un libro que no se podía resumir en ninguna solapa, o el resumen no daría nada concreto sobre su contenido. Una historia que entra que entra que entra en otra y que al parecer no tienen nada que ver una con la otra, o no tienen aunque uno intente encontrar un hilo. Pero sabía ya que la solapa o la antisolapa es siempre lo que más vende, más que el nombre o la ilustración. Podría ser: Una historia de amor que se bifurca. El narrador se enamora de una mujer joven, que tiene veinticinco años menos que ella pero que se parece a la mujer que su mujer fue. Cuando el lector se pregunta si será o no será la misma, el narrado lee en voz alta a la joven Gabrielle un cuento sobre el secuestro de un autobús, ¿es o no es él el secuestrado? Bueno, dejemos la solapa, mis paseos me llevaron una mañana soleada a desayunar en Ribale, una nueva cafetería que se puso unos meses antes donde estaba Aroma y que no llegaba a llenar sus mesas. Ofrecían un desayuno doble por 51 sheqels, que incluía huevos fritos o revueltos, ensalada, zumo de naranja o limonada, quesos, cafés y pan y brioche. Buen negocio. Pero la cafetería estaba casi vacía. Gabrielle vestía de rojo y negro, que siempre fueron mis colores preferidos en cuerpos de mujeres, siempre me he parado para ver una mujer en negro y rojo. El servicio era malísimo y nos trajeron el café antes del zumo y los huevos después de la ensalada pero el queso de oveja estaba buenísimo y no nos importaba nada más que el sol y su bienestar. Entonces Gabrielle nos vio, o me vio a mí y vino a saludar. -Hola, quieres sentarte. Dije como si fuese lo más natural del mundo. -Te presento a Gabrielle. Dije, sin saber muy bien a quién referirme. Aquí estaban mi mujer y mi amante. Mi mujer con blusa negra y falda roja. Mi amante con blusa roja y falda negra. Las dos con medias negras. Las mismas botas cortas de cuero negro. - ¿Quieres algo? -pregunté a mi mujer. - Tienen buen café, pero el servicio es terrible. La camarera no pareció sorprendida, para todos lo que pasaba era normal, menos para mí. Mi mujer pidió un expreso muy corto, lo mismo que Gabrielle. Se miraron. Ninguna de las dos dijo nada. Pasó un buen rato, y no se hablaban. Entonces empezaron a hablar, cosas como qué haces, cuándo llegaste a Israel, se hablaban en francés. Cosa que me parecía normal. Me sentía mal, aunque ya veía dónde iba esto, se iban a poner a hablar entre ellas, a contarse todo y a irse y a dejarme solo, sin ninguna de las dos. Pedí disculpas de una forma muy educada, como si hablase con dos alcaldes, y me fui al baño. Ninguna de las dos se dio cuenta. Tenía ganas de vomitar los huevos fritos y el zumo me creaba una acidez insoportable, pero no llegaba a hacerlo. Nada salía de mi boca. Meé, y después de mear me senté y cagué. Me acordé de cómo mi amigo argentino Armando decía: “La cagué”. Era una media diarrea, pero no llegaba a vomitar aunque tenía muchas ganas. Dicen que uno puede pasarse un dedo por la garganta para hacerlo pero no lo hice. Menuda mierda, pero por lo menos tengo una novela, no muy larga, pero una novela. No sé cuánto tiempo estuve en el retrete, que estaba muy limpio y brillaba con sus paredes de color amarillo suave. Estuve diez o veinte minutos, o media hora. No sé. Cuando volví, un poco mareado, con náuseas, vi a una sola Gabrielle. No me acordaba cómo estaba vestida cada una de ellas. Pero era rojo y negro, la vi desde la espalda. Era ella, la única, nunca hubo dos. Lo imaginé todo. Me senté enfrente de ella. Allí estaba, había cambiado por milésima vez, ahora parecía tener diez años menos que mi mujer o diez más que mi amante. -Se fue -me dijo la nueva Gabrielle-, dijo que se volvía a Francia hoy mismo. -¿Así? De pronto. -Tú ya sabes que esas cosas no pasan de pronto. Lo dijo con toda la sabiduría de la cuarentena y con toda la travesura de la juventud. Sonrío. Era todo una broma que me había jugado. No eran dos, sólo había una. Pedí la cuenta para pagar. La camarera me dijo que la chica que estaba aquí ya lo había pagado. Salimos al sol, -Un momento –dije-, me olvidé el paraguas. Dije y fui directamente a la camarera. -¿Cuándo se fue? -¿Quién? -La que pagó. -Pues justo cuando entraste al baño. Y después fue a la puerta. “Mira, si está allí enfrente, esperando al autobús.” Y justo pasó el autobús, y no volví a verla, o sí, por alguna razón mi mujer me esperaba en la estación cuando el autobús se fue. Me había convertido, como mis antepasados, en un expulsado.
moisbenarroch@gmail.com
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http://edicionesescalera.com/imagenes/portadas/archivos/amoryexilios_fragmento.pdf
Del libro:
Oración del escritor Canción al todopoderoso, alabado sea, que nos ha dado la palabra.
Ayúdame en mi trabajo de escritor a escribir para el bien y evitar los pensamientos comerciales.
Sólo tengo lo que escribo y sólo recibo lo que doy.
Sé que la palabra emana de ti y de tu verbo y la escribo para que vuelva a ti.
Verbo sagrado, verbo que nos salva de la destrucción todos los días.
Aprenderé a no ser vanidoso y a no creer ni en la fama ni en la gloria.
Aprenderé a vivir en tus palabras y en tu verdad.
Te pido que mis palabras digan algo más que la página limpia, y que a través de mí se escriban tus verdades.
Soy el que transmite tus palabras.
Las palabras no son mías. Las palabras te pertenecen.
Elohim de las palabras. En ti y para ti escribo.
Evítame los pensamientos sobre mi tiempo y sobre lo efímero.
ENTREVISTA SOBRE EL LIBRO
Mois Benarroch habla sobre Amor Y Exilios Amor y exilios son siete libros en un solo volumen que despedazan, analizan e inventan la diáspora, la literatura y el amor, una obra donde caben la ciencia ficción, el realismo, los manifiestos literarios, la poesía, la novela y el cuento, todo ello bañado de buena música y de nostalgias de vidas posibles que no fueron. O tal vez sí.
Una novela, dice Mois Benarroch, o más bien un libro conceptual, tal como eran algunos discos de los años 70, cada una de sus partes rotando alrededor de una historia de amor en el exilio, los mismos personajes, él y ella, que cambian de nombre y de ciudad, pero siguen en el exilio. Escritor políglota, con Amor y exilios regresa a su idioma castellano, instrumento elegido para zafarse de las etiquetas tradicionales, para poner sobre el tapete las ideas preconcebidas de casi todo y con paciencia de sabio irlas desbrozando página a página: la literatura, la religión, la creación, el sexo, la memoria y el desarraigo.
Amor y exilios es un libro que a su vez contiene siete. ¿Cuál es la hilazón entre ellos?
Lo que los une es que todos tratan una historia de amor en el exilio. Los personajes cambian de cuadro y de nombres pero el fondo sigue igual. Los une también otras cosas, personajes que aparecen entre los "libros". Puede considerarse que la obra es una novela, pero yo creo que más bien es un género que era muy común en la música de los años setenta, el álbum conceptual. Es un libro conceptual. Dejo al lector que lo defina como quiera. En el fondo veo también los siete libros que componen El libro de las preguntas de Edmond Jabès. Y el cuento que entra en otro cuento que evoca otro en las novelas de Sabato.
Es casi inevitable creer que buena parte de tu libro tiene algo en común con tu vida. ¿De la vida nace la literatura?
Todo en común con mi vida, mi vida es lo que escribo. Creo que más bien son mis escritos los que crean mi vida y no lo contrario. Primero escribo algo y después lo vivo. Mis opiniones dependen de lo que escribo. Soy un personaje de una obra que alguien está escribiendo. Así que no veo ninguna reja ni ninguna muralla entre lo que escribo y lo que vivo. Y cada día menos.
Cuéntanos un poco tu historia idiomática. ¿Qué te motivó a regresar al español para escribir este libro?
Lo de los idiomas pertenece al realismo fantástico más extremo de mi vida y cada vez lo entiendo menos, así que en vez de imponerme sigo a las palabras. Ellas deciden del idioma. Empecé a los 15 años escribiendo en inglés. Lo hice hasta los 19, y después me pasé al hebreo. Después recuerdo que en 1995 escribí un poema en el que decía que no frenaré ninguna lengua y en el 97 hice un viaje a París donde empezaron a emanar poemas en español. Después de mucha poesía en español, alrededor de 2003 empecé a escribir prosa en castellano y de ahí sale este libro. Todavía no me creo que lo escribiera, pero sí que es lo mejor que he escrito.
El año pasado recibiste el premio del Primer Ministro por toda tu obra. Muchos se hubieran retirado ya. ¿La literatura es para ti pulsión o entretenimiento?
La única vida que puedo concebir es la de la escritura. Es una obsesión.
Has definido tu libro como una historia de amor entre dos personas que nunca terminan por encontrarse. Sin embargo, hay cabida para la religión, la historia, la ciencia ficción, el sexo, la creación, desde luego el exilio. Están todos los grandes temas de la literatura. ¿Es motivo de una planificación previa o sencillamente sucede?
Siempre hay un plan que a medida que escribo lo voy dejando de lado. Y entonces planteo de otro modo el libro, y también el nuevo plan acaba por ser destruido por las mismas palabras. Sigo las palabras, cada idea lleva a otra idea. La primera parte acabada fue la de "Raquel Dice" y después "El ladrón de Memorias"; al principio me parecían libros separados, pero poco a poco, mientras escribía los otros libros, me daba cuenta de que no eran un solo libro, las tres últimas partes ya las escribí consciente de que formaban parte de una sola obra. En algún momento pensé publicarlas por separado pero creo que mejor todo junto y de una vez. Me alegró que la editorial apoyara este proyecto arriesgado y de tantas páginas.
¿Cuál es la gran diferencia que encuentras entre esta obra y las anteriores?
Primero es más larga, es la más larga de todas. Creo que también es más amplia en el sentido literario, toco en ella todos los temas que me interesan. También me he dado más libertad artística que todas las anteriores. Es la primera escrita sólo en castellano, después de la novela En las puertas de Tánger de la que hice dos versiones. Me parece que la literatura hebrea de hoy está muy limitada por la narración y en este libro he escrito más narrativa que narración. El tema de la literatura y del texto escrito está siempre presente. Estoy seguro de que lo que escribí en este libro no podía ser escrito en otra lengua, necesitaba ser escrito en español.
“Eso es lo que busco en esta prosa, una sinceridad, un camino no tomado, un sendero lleno de árboles cuyos frutos nadie ha comido.” ¿Crees que lo has conseguido?
La verdad es que creo que sí, a lo mejor ya puedo dejar de escribir. Estoy demasiado satisfecho del resultado y eso no es una cosa tan buena. Supongo que cuando reciba los primero ejemplares me pasará lo de siempre y sólo veré las lagunas de la obra y entonces me animaré a escribir algo mejor. Pero por el momento, y ahora que todavía no he recibido el libro impreso, estoy eufórico.
En el libro que cierra Amor y exilios introduces un cuento, una parábola, para explicar la situación de Israel desde una perspectiva novedosa y ajena por completo a los cánones. ¿Es el único método para que los que somos ajenos a esa situación podamos comprender según qué despropósitos?
La parábola es una técnica oriental muy común. Toda la biblia está basada en parábolas. A veces me parece que en el diálogo judeo-musulmán-oriental es la única forma de llegar a una discusión intelectual. La idea es tomar una situación diferente para hablar de la discutida. Tal vez sea la base de toda literatura. Lo de la realidad israelí es algo que intento explicarme a mí mismo, como alguien que no nació en Israel y que hasta hoy no la entiende mucho. Tal vez hasta eso sea algo muy israelí.
Y para terminar, ¿estás satisfecho con el resultado?
Sí. Eufórico.
http://escaletra.blogspot.com/2010/02/mois-benarroch-habla-sobre-su-libro.html
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