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César Vallejo -Juan Larrea:Ejemplo de cultura hispana. Reflexiones sobre la hermandad de la cultura hispana-americana.
culturaMuchas gracias a todos por acudir a esta presentación de un nuevo volumen de mi serie de poemas y música La Memoria del Espejo, y gracias también a La Sociedad de Autores, que nos brinda a nosotros, los autores y socios de esta Casa, la posibilidad única, tal como están los tiempos para la cultura, de presentar en Valencia nuestros trabajos artísticos. Esta atención a los autores, a todos los autores, se diferencia, en fundamento y forma, con la atención que dan los medios a los autores elegidos por la dinámica del mercado de la cultura, a los subidos a "la carroza dorada del éxito y la fama", carroza nimbada de dinero, empujada a fuerza de cheques "a priori" y de favores, a la que se acercan los medios de comunicación, atraídos por la luz como las moscas... Esta atención, simple y llana, auténtica y democrática en su principio, a todos los que trabajamos en la cultura de un modo u otro, es lo que me hace mantener la esperanza de que, en el futuro, los medios fantásticos que brinda la Revolución Científico - Técnica en materia de comunicación, estén en realidad al servicio de las personas, y no de los grupos de poder, como lo están ahora. Siempre se debe mantener viva la visión de una evidencia: De que la sumatoria de la labor de la Humanidad entera, arroja un resultado positivo, y tiende al progreso de la Civilización. Sirva esta introducción como una pequeña declaración de los principios que me motivan a hacer presente mi trabajo poético en esta sala, independientemente de la repercusión social, de las ventas, de la publicidad o del éxito que tuviere: Como artista que termina su trabajo largamente meditado y realizado, el presentarlo a la luz pública es una casi un deber social.
El disco que nos reúne aquí, el volumen 5 de mi serie La Memoria del Espejo, poemas míos unidos a la música de compositores de Europa y América, es fruto de dos años de reflexión y maduración, pero que su génesis, su idea motora, se remonta diez años atrás, a los días en que subí las cuestas de la imponente Cordillera de los Andes, en la frontera de Bolivia y Argentina, cuando realizaba un reportaje sobre los salineros, la gente que corta los panes de sal de las salinas de las alturas, a 4.500 metros sobre el nivel del mar, donde hubo un antiguo mar encerrado en tiempos geológicos, cuando la tierra crecía hacia el cielo indefinidamente, y elevaba un mar entero entre sus brazos de montañas, espectáculo fuera del tiempo y la imaginación de los humanos. Ahora quedan esas enormes superficies de sal, placas brillantes que se deben ver desde las alturas del cielo como medallas de plata en la tierra parda, entre las coronas de nieve eterna de las montañas. Allá arriba, abrigados de la luz enceguecedora, trabajan con picos y palas los salineros, y al cabo de la jornada llega a duras penas el camión que bajará al pueblo los panes de sal dura acumulados...
Yo llevaba in mente, producto de viajes anteriores, la música del gran boliviano Ernesto Cavour, el canto del charango, agudo y puro como el aire del Altiplano. El vuelo de la poesía en el aire de los Andes tiene su expresión musical en el charango de Ernesto Cavour. Y desde Buenos Aires, traía yo en mi memoria el ritmo del maestro Domingo Cura, el percusionista que hizo entrar el viento caliente de La Pampa y el galope de los caballos en la gran ciudad, y los conjuró con los pasos sobre los adoquines, con los ruidos infinitos de la forja urbana, para recuerdo permanente de que el destino inevitable y único de la cultura de La Pampa y de la Gran Ciudad del Plata, es el vivir y crecer hermanados.
Iba yo por esos montes, como decía, perdida la mirada en la línea cristalina del horizonte, con la secreta intuición de haber cruzado el umbral de una visión nueva, de haber encontrado la repentina y fulgurante ligazón de hechos dispares, largamente meditados en años anteriores. Hay veces en que el azar nos muestra el rostro vívido de nuestros pensamientos, el hilo conductor de nuestros sueños. Quiso el azar que mi aventura en el Altiplano coincidiera con la festividad de la Asunción, el 15 de Agosto. Y en un pueblo de Tumbaya, en las Salinas Grandes, las calles desiertas se llenaron de mujeres, frituras, empanadillas y buñuelos, niños de ponchos colorados, e imágenes de la Virgen, llevadas en andas en procesión hasta la ermita, los campesinos tocando y bailando al son del charango, el erke, el bombo y el siku...
Comprendí, después de ese día mágico, la experiencia cósmica del poeta Juan Larrea frente a la inmensidad, en el Alto Perú, y su firme convicción de la alborada renovadora del mundo hispano que anuncia América para España. Años después de su viaje iniciático por América, Juan Larrea, como muchos otros miles de españoles, se refugiará en América, huyendo de la barbarie de la guerra incivil de España , y vivirá en Buenos Aires, ya para siempre.
Porque Larrea fue visitar Perú en los años '30, debido a la gran amistad que lo unió en París con César Vallejo.
Es que César Vallejo viene a Europa, desembarca en Santander el 11 de Julio de 1923... y al día siguiente parte en tren a París.
Larrea, estaba en el '23 admirado de Vicente Huidobro, el genial chileno creacionista que trajo la nueva forma de escribir poesía, y del que su amigo Gerardo Diego le pasara en unas cuartillas copiadas a mano. Pues Larrea va a visitarlo, en el verano del '24, a la costa atlántica de Francia, cerca de La Rochelle, donde Huidobro veraneaba con su familia, y éste le propone ir a París, adonde le presenta a César Vallejo, que había llegado hacía un año a la Ciudad Luz...
Vallejo ya había publicado un libro de vanguardia en el Perú, en 1922, su segundo libro, Trilce (el primero fue los Heraldos Negros, de 1919), y éste es el motivo que lo lleva a las arenas del foro cultural mundial que era París. Allí conoce a Larrea, Huidobro, Tristán Tzara, Juan Gris, Neruda, Picasso y muchos más. En esos años habían surgido ya el cubismo, el futurismo con Marinetti, el dadaísmo con Tristán Tzara, y se estaba cociendo el surrealismo con André Breton. La nueva forma de escribir poesía y de hacer arte, se correspondía con el siglo XX.
Este espíritu de colaboración de las letras americano-españolas fue inaugurado por el gran Rubén Darío, el poeta caminante, el embajador de la cultura por toda América y España, el que renovó la poesía en español, a principios del siglo XX.
Los amigos Larrea y Vallejo editan una revista, llamada Favorables - París - Poema, que sólo durará dos números en aquél año de 1926, pero que su eco llegará a las manos de los poetas de Sevilla y de Madrid, que pronto conformarán la generación del '27 española.
Desde el atelier de la revista Favorables - París - Poema, que desde febrero del '26 había instalado Larrea, sale en Julio el número 1, con textos suyos y de Gerardo Diego, Huidobro, Tristán Tzara, Vallejo... Es allí cuando una tarde de setiembre del '26, al volver Huidobro de Chile, deja sobre la mesa un libro de un tal Pablo Neruda, que Larrea, ávido como siempre, lo lee y le entusiasma: Así es que en el número 2 de Favorables... le publica una parte del poema Tentativa del hombre infinito, siendo ésta la primera edición que tiene Neruda en Europa... Estos tiempos conforman una de las experiencias más ricas de relación artística entre americanos y españoles, en el caldo de cultivo provervial para el arte que es París.
Es por el año '30 que Larrea lee la Carta del Vidente de Rimbaud, y tiene la revelación intelectual que estaba buscando desde hacía años: La vida poseía un sentido profundo, que incluía un destino personal, revelable por el trabajo artístico... Esto, y la influencia de la amistad con Vallejo, que le hacía soñar con el mundo de las altas montañas de los Andes y la magia de América, le hacen embarcarse en un viaje al Perú, seguido de su entusiasta mujer Marguerite...
Mientras, en el año '30 y aún en el '31, César Vallejo está en Madrid con su mujer francesa, Georgette, y conoce a todos los escritores del '27.
Es así que los dos artistas cruzaban sus destinos y vivían en tierras cruzadas por la misma cultura: el peruano Vallejo estaba en Madrid, mientras que el español Larrea llegaba hasta el Lago Titicaca, a 3.800 m de altura, en el límite entre Bolivia y Perú, cuna de la cultura de Tiahuanaco, donde Larrea recibe el segundo bautismo de su vida, como él dice en carta a Gerardo Diego: "He penetrado en la intimidad de esta naturaleza casi cósmica"...
...Es desde aquélla esta imponente naturaleza, desde donde Juan Larrea pidió parte de su herencia a España, para comprar tesoros arqueológicos, actividad de la que era aficionado, con la idea de mostrarlas en exposiciones por Europa. Y es así que vuelve a España en el '32, realiza alguna exposición de los tesoros, y le publica a Vallejo en Madrid su libro su libro Trilce, con su propio dinero: Es éste un tesoro de libro que debiera recuperarse, para estudio y formación de lo que debería ser nuestra hermandad cultural hispanoamericana.
Pero de pronto estallla la guerra en España, esa diabólica bomba que dispersa tantas vidas y energías, y Larrea vuelve a París, cede todos sus tesoros precolombinos a la causa del Gobierno legal de la República, organiza la ayuda a los intelectuales refugiados, y edita por encargo del gobierno los aguafuertes de Picasso titulados Sueños y Mentiras de Franco.
Vallejo en París colabora con los exiliados, trabaja febrilmente, viaja al Congreso Internacional para la defensa de la Cultura que se celebra en Valencia en el '37, escribe sin descanso, revisa y pone fechas a todos sus manuscritos, y enferma al año siguiente.
Es así como en medio de estos años transidos de dolor, enferma y muere César Vallejo, 15 de abril de 1938, un Viernes Santo, asistido por su esposa Georgette y su amigo Larrea... El día anterior, todavía le dice a su amigo Larrea: "Me voy a España"...
En 1939, Juan Larrea parte rumbo a México, donde con José Bergamín, León Felipe, Jesús Silva y otros escritores realizan una amplia labor editorial y cultural. En 1956 acepta el ofrecimiento de la Universidad de Córdoba, en Argentina, para el Seminario de Historia, en donde continúa su labor cultural y donde comienza la publicación de la revista Aula Vallejo. Allí, en esa bella ciudad de Argentina, se jubila en el '78, y continúa trabajando en sus estudios poéticos y teóricos hasta su muerte, el 9 de julio de 1980, a la edad de 86 años. A España volvió una vez, ya con la democracia, en 1977, con ocasión de la edición española de su estudio del Guernica de Picasso.
Como para muchos españoles del exilio, los años de la dictadura franquista fueron oscuros e interminables, y los años de la democracia fueron lentos para el recuerdo y el reconocimiento, de todos aquéllos que vivieron en América, acogidos con los brazos abiertos, y que mantuvieron viva la llama de gran parte de nuestra cultura en español de este siglo, que por la fuerza de la vida se ha fundido felizmente y para siempre, en los pueblos de ambas orillas del Atlántico.
Desde allá, desde la América en español, Juan Larrea dedicará toda su vida a difundir sus ideas hispanoamericanas, su fidelidad a la obra de su amigo César Vallejo, con esa nobleza antigua española, que hoy se está perdiendo, tanto aquí como en América, y que se caracteriza por la austeridad y el desprecio al oropel, a la ostentación insultante del monedero falso, a la petulancia del nuevo rico, actitudes éstas que hoy, desgraciadamente, han arraigado en el ámbito de la cultura, y en especial en la cultura que se acerca a la difusión pública, a los medios de masas.
La obra de su amigo peruano César Vallejo ilumina desde entonces nuestras letras, no sólo por la universalidad de su poesía, también por la labor y la actitud de sus pares, por la fidelidad fraterna de Juan Larrea. Recordemos, al contrario, el olvido impuesto a Gabriela Mistral y a Vicente Huidobro, por una corriente cultural ideologizada y fomentada incluso por algún gran nombre de la poesía.
Quizá deba decirse hoy más que entonces, que ahora, en el albor del siglo XXI, es aún más necesario que antes, que las palabras proféticas de Larrea florezcan en una nueva conciencia de la cultura de España, de la Hispanidad, de la Americanidad de lo español. Porque es en función de América que la cultura de España se rehace y revive incesantemente, y es en función de esta gran perspectiva continental y peninsular, por lo que la América Hispana se construye a su vez, en todos los puntos de su geografía.
Yo, aquel día del 15 de Agosto en un pueblo del Altiplano de los Andes, florecido con el color y la música de la esperanza, comprendí que la vida se teje con los hilos del azar, pero que los puentes entre los hombres pueden trazar parábolas lejanísimas, y enlazar los corazones con hilos sutiles, con palabras alentadas al vuelo por una música que se encuentra en todos nosotros, forma parte de nuestros pensamientos, y colorea, define y nombra al mundo, y nos acompaña siempre. Yo quise, en el silencio de las alturas, retener para el futuro un acorde, el rumor del viento por las alamedas, una voz, unas líneas escritas, un pensar. Dedico con humildad este trabajo de poemas y música a los paisanos de Jujuy, de La Pampa, de Bolivia, a los paisanos de la Meseta Eterna Castellana. Y por último y en primer lugar de un círculo infinito, a la lección de vida y arte de Juan Larrea y César Vallejo, a su fraternal concepción de nuestra cultura. Para todos los caminantes de sueños de un mundo mejor.
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