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Lo que has escrito, ya no te pertenece.
La fraternal desobediencia de Max Brod con los escritos de su amigo muerto, permitieron al mundo de la cultura de entreguerras, recibir la visión profética del arte de Kafka, la alegoría vaticinadora del verdadero rostro del siglo XX. ¿Debe el artista ser celoso de lo ya escrito, de lo que ya no le pertenece? La lenta ordenación del día, el canto de los pájaros, la eterna cúpula azul, el río de lágrimas y sangre, todo será transcrito e interpretado con los trémulos signos del lenguaje, sustentador de nuestra cualidad humana. Es ésta la misión del Arte. Y así la debilidad y la duda, y el error, permanecen en esos signos, que por descuido o compasión, o amor, o esperanza, no fueron devorados por el fuego: Quedan para la posteridad, para todos los hombres, como enseñanza y conmiseración de nosotros mismos. Claudio Serra Brun. Valencia, España. www.poesia-sur.com
12Mayo2001
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