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Mois Benarroch

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AMOR Y EXILIOS
by Mois Benarroch   
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Kindle Edition
Amazon
ESCALERA
Amazon España Kindle

Category:  Literary Fiction
ISBN-10:  1300920238

Pages: 512

Copyright: 
FEB 2010

"Lo que ya tenía claro era que por fin había escrito un libro que no se
podía resumir en ninguna solapa". Así define el escritor Mois Benarroch su
nuevo libro, al que se niega a llamar novela, porque es más, o es menos. O
no es sólo una novela. Y como el demiurgo coherente que es, a nadie puede
caberle duda alguna de que lo ha conseguido. De la ciencia ficción al
realismo, de la narración a la poesía, de la novela al cuento, Amor y
exilios es un libro que se opone a la definición, que se opone a la
simplificación y al mercantilismo. Dividido en siete libros que crean un
único corpus narrativo, en cada uno de ellos se nos muestra una historia
de desamor en el exilio. ¿Qué es el exilio sino el alejamiento del amor
infantil deseado? En cada libro, los amantes van y vienen en busca de un
salto imposible en el tiempo. En ciertos cruces, en ciertas esquinas y en
ciertos atascos, sin saberlo, los amantes se encuentran para perderse de
nuevo para siempre. Quedará una mirada, un sentimiento vago de haber visto
por un segundo la otra realidad paralela que se desarrolla y se vive en
otra dimensión, otra realidad tan desesperada como esta en saber qué pasa
por el otro lado.


las primeras mil palabras del libro:

Comprar es salud, comprar es vivir. Compren más y más, compren para su
porvenir, compren para su futuro, el futuro es comprar.
Eso anunciaban los altavoces, mientras Sandra y Sandoval compraban en el
centro comercial La Catedral. Se llamaba La Catedral porque antes de
convertirse en un centro comercial había sido una catedral. Se dice que
antes fue una mezquita, se dice que antes de ser una mezquita fue una
sinagoga medieval. Era el edificio más viejo de la ciudad, y al mismo
tiempo se había convertido en el más moderno. Los dos iban ya a salir pero
vieron como en la cola de la salida había un guardián que verificaba las
bolsas de los que salían. Los que no habían comprado nada no podían salir.
-Vuelva usted, señora, que aquí no viene uno a divertirse, aquí se viene a
comprar.
-Pero es que vine a comprar zapatos y no tienen mi talla.
-Pues compre alguna otra cosa.
-Pero no necesito nada ninguna otra cosa.
-Usted, señora, necesita comprar y el país necesita que compre. Y ya ve
que hay gente aquí esperando en la cola, las reglas son las reglas, sin
comprar no se sale de aquí.
A otros el controlador les decía que no habían comprado bastante.
-Mire, esta vez le dejo salir, pero si usted sigue viniendo a LA CATEDRAL
para comprar un pan no le dejaremos entrar más.
-Pero si he comprado dos.
- Ni dos, compre zapatos como esa señora.
Los dos dieron media vuelta y buscaron algo más que comprar.
-No deberíamos seguir viniendo aquí, sabes, esto me está cansando, y cada
vez quieren que compres más, están cerrando todas las tiendas de los
alrededores porque a la gente no le queda dinero.
-Ya sabes muy bien que no hay más remedio, si no nos ven aquí en La
Catedral es como si estuviéramos muertos.
Los vivos se dividían entre los que compraban todos los días, a veces dos
veces al día, por la mañana venía la mujer sola o con el marido, las
tardes con sus hijos, detrás en la cola estaban los que compraban hasta el
22 del mes, porque ese día se les acababa el dinero, y los más pobres
dejaban de comprar el 10 o el 12 del mes. Si no mostrabas tu cara el 20 la
gente te hablaba menos, menos y menos gente te hablaba.
El 25 empezaban las rebajas que se acababan el 1 del mes siguiente.
Compren señoras y señores, compren de todo, compren naranjas y compren
azafrán, compren neveras y compren emepetrés, compren deuvedés y compren
zapatos, el futuro es comprar.
-¿Y esto qué es?
-Es un maxcanvalde.
-¿Y qué es un maxcanvalde?
-Es completamente reciclable.
-¿Pero qué es? -dijo Sandra entusiasmada, mientras Sandoval perdía la
paciencia.
-Es lo que es, nada. Pero reciclable. Y le dejan salir. Usted me paga 10 y
yo le doy una factura de 100, y cuando sale lo deja por allí y yo lo
vuelvo a vender. ¿Ve? Reciclable.
-A mí me gusta, tienes su encanto -dijo Sandra,- la compra suprema.
-Su… pu…
-¿Y si nos abren la caja? Los porteros se están poniendo insolentes.
-Usted sale por la puerta A7 y allí no tendrá problemas. El portero esta
sobornado.
-Sí, todo se compra.
-Y lo que no se compra no tiene valor.
Fume, beba, compre tabaco y vino, el cáncer es bueno para la economía, si
tiene usted un cáncer le daremos bonos para comprar más, para su mayor
complacencia hemos abierto un hospital en la décima planta.
Al principio La Catedral sólo tenía dos pisos pero se fueron construyendo
inmuebles que se conectaban entre sí, inmuebles de oficinas, escuelas,
hospitales, oficinas del gobierno, todo entraba en La Catedral, lo
importante era siempre pasar por los comercios y comprar a la salida y a
la entrada.
-Bueno, me da un maxcanvalde.
-Maxcanvalde para el señor.
En la cafetería de enfrente un señor mayor, un anciano de unos ochenta
años oía todo y no olvidaba nada.
Se acordaba de que setenta años antes su padre había comprado su vida con
el dinero que tenía y como él también la había salvado con su culo. Le
parecía que todo había vuelto a ser como en los años de la guerra.
Comprar es vivir. Los muertos no compran. Morir es dejar de comprar. Por
eso nuestros hospitales tienen los mejores médicos del mundo para que
sigan viviendo y sigan comprando.
El anciano ya se sabía todo eso de memoria. Sandoval se fijó en el anciano
que en unas horas le iba a salvar la vida, y le pareció feo y antipático.
Le odió todavía más al pensar que un día sería como él. O peor, mucho más
desgastado, más enfermo, menos tieso. El anciano se sentaba allí todos los
días desde las ocho, cuando abrían La Catedral, todos los negocios en el
mismo minuto, y se iba a las doce y media de la noche cuando todo se
cerraba.
Compren, y si ya han comprado compren más, siempre hay algo otro que usted
necesita o desea, algo que le hará mejor su vida hasta la próxima compra.
Compre más, y compre mejor en La Catedral.
Dos policías corrían detrás de una mujer que mostraba sus bragas por
encima de los pantalones, eran bragas rojas sobre tela blanca, una parte
del culo estaba en contacto con el aire. Dos mujeres iban con sus bebés en
coches azules, los dos iguales. Parecían hermanas pero no lo eran.
Sandoval contemplaba, Sandra compraba.
Compren hasta que se cansen, y cuando estén cansados compren más, compren
para despertarse, compren píldoras contra el cansancio. Compren más y más
para el futuro económico de sus hijos.
El anciano ponía esa cara del que ya ha visto todo y eso a Sandoval le
ponía negro. Éste se cree que lo sabe todo, pues que se vaya a la mierda,
se decía. Sandra, estoy harto, vámonos ya. El anciano se percató de
Sandoval y le echó una mirada de anciano






y las últimas mil palabras del libro:

adjuntaba la idea de que tal vez eran una sola mujer y que Gabrielle me la
estaba jugando. Que me estaba gastando una broma. Pero en la felicidad no
hay preguntas, y cuando empiezan la rompen.
Yo pensaba que debía reunirlas de alguna forma a las dos, pero no me
atrevía a iniciar tal encuentro. Me puse a escribir esta historia y al
llegar aquí, entre las dos y entre el relato, entre la ficción y la
realidad, iba cambiando pasajes anteriores para que se adaptaran a la
realidad e iba adaptando a la realidad lo que escribía. Nunca me tropezaba
con las dos juntas, pero dejé de intentar evitarlo y me paseaba mucho con
la junior por la calle Emek Refaim, donde Gabrielle, mi mujer, pasaba a
menudo, ya fuera para comprar algo, para coger una película de la
videoteca, Haozen hashelishit, La tercera oreja, o porque volvía de su
trabajo andando. Lo que ya tenía claro era que por fin había escrito un
libro que no se podía resumir en ninguna solapa, o el resumen no daría
nada concreto sobre su contenido. Una historia que entra que entra que
entra en otra y que al parecer no tienen nada que ver una con la otra, o
no tienen aunque uno intente encontrar un hilo. Pero sabía ya que la
solapa o la antisolapa es siempre lo que más vende, más que el nombre o la
ilustración. Podría ser: Una historia de amor que se bifurca. El narrador
se enamora de una mujer joven, que tiene veinticinco años menos que ella
pero que se parece a la mujer que su mujer fue. Cuando el lector se
pregunta si será o no será la misma, el narrado lee en voz alta a la joven
Gabrielle un cuento sobre el secuestro de un autobús, ¿es o no es él el
secuestrado?
Bueno, dejemos la solapa, mis paseos me llevaron una mañana soleada a
desayunar en Ribale, una nueva cafetería que se puso unos meses antes
donde estaba Aroma y que no llegaba a llenar sus mesas. Ofrecían un
desayuno doble por 51 sheqels, que incluía huevos fritos o revueltos,
ensalada, zumo de naranja o limonada, quesos, cafés y pan y brioche. Buen
negocio. Pero la cafetería estaba casi vacía. Gabrielle vestía de rojo y
negro, que siempre fueron mis colores preferidos en cuerpos de mujeres,
siempre me he parado para ver una mujer en negro y rojo. El servicio era
malísimo y nos trajeron el café antes del zumo y los huevos después de la
ensalada pero el queso de oveja estaba buenísimo y no nos importaba nada
más que el sol y su bienestar.
Entonces Gabrielle nos vio, o me vio a mí y vino a saludar.
-Hola, quieres sentarte.
Dije como si fuese lo más natural del mundo.
-Te presento a Gabrielle.
Dije, sin saber muy bien a quién referirme.
Aquí estaban mi mujer y mi amante. Mi mujer con blusa negra y falda roja.
Mi amante con blusa roja y falda negra. Las dos con medias negras. Las
mismas botas cortas de cuero negro.
- ¿Quieres algo? -pregunté a mi mujer.
- Tienen buen café, pero el servicio es terrible.
La camarera no pareció sorprendida, para todos lo que pasaba era normal,
menos para mí. Mi mujer pidió un expreso muy corto, lo mismo que
Gabrielle. Se miraron. Ninguna de las dos dijo nada. Pasó un buen rato, y
no se hablaban.
Entonces empezaron a hablar, cosas como qué haces, cuándo llegaste a
Israel, se hablaban en francés. Cosa que me parecía normal.
Me sentía mal, aunque ya veía dónde iba esto, se iban a poner a hablar
entre ellas, a contarse todo y a irse y a dejarme solo, sin ninguna de las
dos. Pedí disculpas de una forma muy educada, como si hablase con dos
alcaldes, y me fui al baño. Ninguna de las dos se dio cuenta. Tenía ganas
de vomitar los huevos fritos y el zumo me creaba una acidez insoportable,
pero no llegaba a hacerlo. Nada salía de mi boca. Meé, y después de mear
me senté y cagué. Me acordé de cómo mi amigo argentino Armando decía: “La
cagué”. Era una media diarrea, pero no llegaba a vomitar aunque tenía
muchas ganas. Dicen que uno puede pasarse un dedo por la garganta para
hacerlo pero no lo hice. Menuda mierda, pero por lo menos tengo una
novela, no muy larga, pero una novela.
No sé cuánto tiempo estuve en el retrete, que estaba muy limpio y brillaba
con sus paredes de color amarillo suave. Estuve diez o veinte minutos, o
media hora. No sé.
Cuando volví, un poco mareado, con náuseas, vi a una sola Gabrielle. No me
acordaba cómo estaba vestida cada una de ellas. Pero era rojo y negro, la
vi desde la espalda. Era ella, la única, nunca hubo dos. Lo imaginé todo.
Me senté enfrente de ella. Allí estaba, había cambiado por milésima vez,
ahora parecía tener diez años menos que mi mujer o diez más que mi amante.
-Se fue -me dijo la nueva Gabrielle-, dijo que se volvía a Francia hoy
mismo.
-¿Así? De pronto.
-Tú ya sabes que esas cosas no pasan de pronto.
Lo dijo con toda la sabiduría de la cuarentena y con toda la travesura de
la juventud. Sonrío. Era todo una broma que me había jugado. No eran dos,
sólo había una. Pedí la cuenta para pagar. La camarera me dijo que la
chica que estaba aquí ya lo había pagado.
Salimos al sol,
-Un momento –dije-, me olvidé el paraguas.
Dije y fui directamente a la camarera.
-¿Cuándo se fue?
-¿Quién?
-La que pagó.
-Pues justo cuando entraste al baño.
Y después fue a la puerta. “Mira, si está allí enfrente, esperando al
autobús.” Y justo pasó el autobús, y no volví a verla, o sí, por alguna
razón mi mujer me esperaba en la estación cuando el autobús se fue.
Me había convertido, como mis antepasados, en un expulsado.




 



Leer mas

http://edicionesescalera.com/imagenes/portadas/archivos/amoryexilios_fragmento.pdf



Del libro:

Oración del escritor
Canción al todopoderoso, alabado sea, que nos ha dado la palabra.


Ayúdame en mi trabajo de escritor a escribir para el bien y  evitar los
pensamientos comerciales.


Sólo tengo lo que escribo y sólo recibo lo que doy.


Sé que la palabra emana de ti y de tu verbo y la escribo para que vuelva a
ti.


Verbo sagrado, verbo que nos salva de la destrucción todos los días.


Aprenderé a no ser vanidoso y a no creer ni en la fama ni en la gloria.


Aprenderé a vivir en tus palabras y en tu verdad.


Te pido que mis palabras digan algo más que la página limpia, y que a
través de mí se escriban tus verdades.


Soy el que transmite tus palabras.


Las palabras no son mías. Las palabras te pertenecen.


Elohim de las palabras. En ti y para ti escribo.


Evítame los pensamientos sobre mi tiempo y sobre lo efímero.











ENTREVISTA SOBRE EL LIBRO

Mois Benarroch habla sobre Amor Y Exilios
Amor y exilios son siete libros en un solo volumen que despedazan,
analizan e inventan la diáspora, la literatura y el amor, una obra donde
caben la ciencia ficción, el realismo, los manifiestos literarios, la
poesía, la novela y el cuento, todo ello bañado de buena música y de
nostalgias de vidas posibles que no fueron. O tal vez sí.


Una novela, dice Mois Benarroch, o más bien un libro conceptual, tal como
eran algunos discos de los años 70, cada una de sus partes rotando
alrededor de una historia de amor en el exilio, los mismos personajes, él
y ella, que cambian de nombre y de ciudad, pero siguen en el exilio.
Escritor políglota, con Amor y exilios regresa a su idioma castellano,
instrumento elegido para zafarse de las etiquetas tradicionales, para
poner sobre el tapete las ideas preconcebidas de casi todo y con paciencia
de sabio irlas desbrozando página a página: la literatura, la religión, la
creación, el sexo, la memoria y el desarraigo.


Amor y exilios es un libro que a su vez contiene siete. ¿Cuál es la
hilazón entre ellos?


Lo que los une es que todos tratan una historia de amor en el exilio. Los
personajes cambian de cuadro y de nombres pero el fondo sigue igual. Los
une también otras cosas, personajes que aparecen entre los "libros". Puede
considerarse que la obra es una novela, pero yo creo que más bien es un
género que era muy común en la música de los años setenta, el álbum
conceptual. Es un libro conceptual. Dejo al lector que lo defina como
quiera.
En el fondo veo también los siete libros que componen El libro de las
preguntas de Edmond Jabès. Y el cuento que entra en otro cuento que evoca
otro en las novelas de Sabato.


Es casi inevitable creer que buena parte de tu libro tiene algo en común
con tu vida. ¿De la vida nace la literatura?


Todo en común con mi vida, mi vida es lo que escribo. Creo que más bien
son mis escritos los que crean mi vida y no lo contrario. Primero escribo
algo y después lo vivo. Mis opiniones dependen de lo que escribo. Soy un
personaje de una obra que alguien está escribiendo. Así que no veo ninguna
reja ni ninguna muralla entre lo que escribo y lo que vivo. Y cada día
menos.


Cuéntanos un poco tu historia idiomática. ¿Qué te motivó a regresar al
español para escribir este libro?



Lo de los idiomas pertenece al realismo fantástico más extremo de mi vida
y cada vez lo entiendo menos, así que en vez de imponerme sigo a las
palabras. Ellas deciden del idioma. Empecé a los 15 años escribiendo en
inglés. Lo hice hasta los 19, y después me pasé al hebreo. Después
recuerdo que en 1995 escribí un poema en el que decía que no frenaré
ninguna lengua y en el 97 hice un viaje a París donde empezaron a emanar
poemas en español. Después de mucha poesía en español, alrededor de 2003
empecé a escribir prosa en castellano y de ahí sale este libro. Todavía no
me creo que lo escribiera, pero sí que es lo mejor que he escrito.


El año pasado recibiste el premio del Primer Ministro por toda tu obra.
Muchos se hubieran retirado ya. ¿La literatura es para ti pulsión o
entretenimiento?



La única vida que puedo concebir es la de la escritura. Es una obsesión.


Has definido tu libro como una historia de amor entre dos personas que
nunca terminan por encontrarse. Sin embargo, hay cabida para la religión,
la historia, la ciencia ficción, el sexo, la creación, desde luego el
exilio. Están todos los grandes temas de la literatura. ¿Es motivo de una
planificación previa o sencillamente sucede?



Siempre hay un plan que a medida que escribo lo voy dejando de lado. Y
entonces planteo de otro modo el libro, y también el nuevo plan acaba por
ser destruido por las mismas palabras. Sigo las palabras, cada idea lleva
a otra idea. La primera parte acabada fue la de "Raquel Dice" y después
"El ladrón de Memorias"; al principio me parecían libros separados, pero
poco a poco, mientras escribía los otros libros, me daba cuenta de que no
eran un solo libro, las tres últimas partes ya las escribí consciente de
que formaban parte de una sola obra. En algún momento pensé publicarlas
por separado pero creo que mejor todo junto y de una vez. Me alegró que la
editorial apoyara este proyecto arriesgado y de tantas páginas.


¿Cuál es la gran diferencia que encuentras entre esta obra y las
anteriores?



Primero es más larga, es la más larga de todas. Creo que también es más
amplia en el sentido literario, toco en ella todos los temas que me
interesan. También me he dado más libertad artística que todas las
anteriores. Es la primera escrita sólo en castellano, después de la novela
En las puertas de Tánger de la que hice dos versiones. Me parece que la
literatura hebrea de hoy está muy limitada por la narración y en este
libro he escrito más narrativa que narración. El tema de la literatura y
del texto escrito está siempre presente. Estoy seguro de que lo que
escribí en este libro no podía ser escrito en otra lengua, necesitaba ser
escrito en español.


“Eso es lo que busco en esta prosa, una sinceridad, un camino no tomado,
un sendero lleno de árboles cuyos frutos nadie ha comido.” ¿Crees que lo
has conseguido?



La verdad es que creo que sí, a lo mejor ya puedo dejar de escribir. Estoy
demasiado satisfecho del resultado y eso no es una cosa tan buena. Supongo
que cuando reciba los primero ejemplares me pasará lo de siempre y sólo
veré las lagunas de la obra y entonces me animaré a escribir algo mejor.
Pero por el momento, y ahora que todavía no he recibido el libro impreso,
estoy eufórico.


En el libro que cierra Amor y exilios introduces un cuento, una parábola,
para explicar la situación de Israel desde una perspectiva novedosa y
ajena por completo a los cánones. ¿Es el único método para que los que
somos ajenos a esa situación podamos comprender según qué despropósitos?



La parábola es una técnica oriental muy común. Toda la biblia está basada
en parábolas. A veces me parece que en el diálogo judeo-musulmán-oriental
es la única forma de llegar a una discusión intelectual. La idea es tomar
una situación diferente para hablar de la discutida. Tal vez sea la base
de toda literatura. Lo de la realidad israelí es algo que intento
explicarme a mí mismo, como alguien que no nació en Israel y que hasta hoy
no la entiende mucho. Tal vez hasta eso sea algo muy israelí.


Y para terminar, ¿estás satisfecho con el resultado?



Sí. Eufórico.



http://escaletra.blogspot.com/2010/02/mois-benarroch-habla-sobre-su-libro.html




 


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