Toma el estilo,
lo impregna en el magma ancestral
y redacta con Caligrafía Omnímoda los trazos,
las sendas, los caminos
de todo lo que nace.
Escribe su Obra en pergamino
o en papiro; el mismo que usaron
en su momento los inmortales,
a cada uno de los cuales
también perteneció un Legajo.
Sabe desde el Comienzo
cómo y cuándo empezamos y concluimos.
Y el ser humano,
tantas veces perdido en el antropocentrismo,
se cree capaz de anotar glosas y modificar Su Testamento.
Mas la tinta efímera de nuestros escribas
se diluye inexorablemente, absorbida
por los poros de la piel o de la hoja del Nilo
que, sin embargo, no destruye los Signos del Destino
ni Sus Designios.
Tinta de origen ígneo.
Pluma de los saurios primordiales.
De Faraones, el Lienzo…
Y Manos al servicio de un Dictado
pronunciado por la Voz inaudita del Tiempo.