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Blogs by Kathi Macias
San Juan 3:16 2/15/2008 1:44:02 PM
Porque de tal manera amó Dios al mundo… que ha dado…
(San Juan 3:16).
El 14 de Febrero se conoce como “el día de los enamorados,” y con mucha razón. Más que cualquier otro día del año, nos mandamos tarjetas, flores, dulces, y otras expresiones de afecto a aquellos a quienes decimos amar. De alguna forma reconocemos que amar significa dar.
Y nadie lo hace mejor que Aquel quien nos amó tanto que El nos dio todo – no solamente un símbolo o un recuerdo de Su amor, pero TODO: Lo mejor de Él, todo lo de Él, su único Hijo. Pero aunque el amor comienza regalando, no se completa sin recibir.
Yo me pasé los primeros veintiséis años de mi vida creyendo que Dios existía, que Jesús era Su Hijo, que Él nació de una virgen Judía llamada María, que Él murió en una cruz cruel por “los pecados del mundo,” y que Él se levantó nuevamente. ¿Era eso suficiente para completar el ciclo del regalo de amor y asegurar mi entrada al cielo cuando yo me muera? No. ¡Absolutamente no! Si me hubiera muerto durante esos primeros veintiséis años de mi vida, no tengo la menor duda de que estaría en el infierno hoy en día. Porque creer en la verdad de Dios no es lo mismo que recibirla.
Yo no me crié en una familia Cristiana, aunque me imagino que si alguien nos hubiera preguntado acerca de nuestras creencias religiosas, hubiéramos dicho que éramos Cristianos. Después de todo, nacimos en los Estados Unidos de America; mis padres fueron bautizados en su infancia (mi padre como Luterano, mi madre como Católica). Yo también fui bautizada – en la iglesia Luterana cuando era una bebé, y en la iglesia Católica cuando tenía dieciséis años y tomé una decisión conciente de convertirme en Católica. Pero nada de eso aseguró mi entrada al cielo, porque el regalo de amor que Dios me había dado permanecía envuelto, esperando…
No fue sino hasta el 5 de Julio de 1974, cuando estaba hincada en oración a la orilla de mi cama, finalmente quebrantada por mí pecado de egoísmo en mi vida, que Dios me mostró algo asombroso: un cuadro de “amor en acción.” En mi mente yo me “vi” entre un grupo de gente en una carretera polvorienta. Algunas de las personas a mi alrededor estaban llorando, otras se burlaban, otras gritaban con ira… o angustia. Pero todas miraban para la misma dirección – a algo, o Alguien que se acercaba.
Yo también miré, y lo que vi me quitó la respiración. Era Jesús, golpeado, magullado y ensangrentado, cargando su cruz y tropezándose hacia mí. Entre mas se acercaba Él, más lloraba yo, ya que podía ver el sudor y las lagrimas y la sangre derramarse sobre Su rostro.
Entonces quedó ante mí y se paró. Levantó Su cabeza y me miró directamente sobre todos los que pasaban en el grupo. En Sus ojos pude ver amor - inimaginable, incondicional, amor sin limites – y entonces pronunció cuatro palabras que cambiaron mi vida para siempre: “Lo hice para ti.”
¡Para mí! Él no había muerto simplemente para “los pecados del mundo,” como lo había creído siempre, pero ¡por mí! Él había sido golpeado y ensangrentado, había caminado sobre la Vía Dolorosa, había estado colgado entre la tierra y el cielo - ¡por mí! Oh, el amor de vida-cambiante que había sido dado y recibido mientras Jesús me había dicho esas cuatro palabras: “Lo hice por ti.”
“Porque de tal manera amó Dios al mundo… que ha dado…” El regalo de amor que nos da Dios es tan grande que perdona y transforma a todos los que lo reciben. Nos da la seguridad de entrar al cielo y una existencia para siempre en la presencia de Aquel quien amó y dio todo. Y es ofrecido libremente y con plenitud… a ti y a mí.
Si tu nunca has recibido ese regalo de amor – si el regalo más grande que jamás se ha dado, todavía permanece esperando y envuelto, con tu nombre en él – no permitas que otro día pase sin recibir el verdadero regalo de amor, el regalo que va a durar mucho tiempo después de que los chocolates se hayan comido y las flores se hayan marchitado. Es un regalo para siempre, y en él vas a descubrir el más grande amor – el único amor que jamás podremos conocer o vivir.